Todos deberíamos ser “artistas”…

“Todos estamos llamados a ser artistas: artistas de nuestro entorno, moldeadores y perfeccionadores del mundo en que vivimos, pero también, y sobre todo, artistas de nuestra propia vida, forjadores y modeladores de nuestra persona. Tenemos el deber de embellecer nuestra existencia, de darle forma, y no una forma cualquiera, sino una forma bella, bien medida, armónica y proporcionada. Hemos de cultivarla y cincelarla como se cultiva un jardín o como se cincela una bella escultura; poner en práctica toda una jardinería vital, una plástica o imaginería del alma. Y en esta jardinería o imaginería personal, aplicada al propio ser, juega un papel de primer orden la prudencia, con lo que ésta entraña de proyección de la razón y la medida a la actividad cotidiana de cada momento. Para que sea posible el embellecimiento de la vida, para poder hacer de ella algo realmente hermoso, es indispensable realizar con primor, con exquisito cuidado, con el máximo esmero, con discreción y prudencia cada uno de nuestros actos.

“El hombre es el artesano de su belleza”, sentencia el Abad Gaborit en un libro elogiado por el Papa León XIII. Haciendo notar que el hombre es el único ser de la Creación que puede perfeccionar su belleza, el citado autor subraya que la manera de conseguir la belleza en nosotros es la rectitud, la formación de sí mismo y el cultivo espiritual: “el hombre produce la belleza en sí mismo por el armónico desarrollo de sus facultades, por la fidelidad al deber”. Sólo nos puede hacer gozar de su belleza (con su individualidad y con sus acciones) el hombre o la mujer que, por actuar en conformidad con la ley y por emplear los medios conducentes a su fin, “está en el orden”. Gaborit define lo bello como “la expresión de la vida que se ha desarrollado según la ley”.

El hacer de la vida y del vivir una auténtica obra de arte es la misión que nos incumbe como seres humanos. Quien fracase en tal excelsa misión, o peor aún, quien renuncie a ella, quien ni siquiera se la plantee o no la tome muy en serio, quedará frustrado como persona y como ser humano, condenado a vivir una vida mezquina y miserable, sin lustre, vulgar y mortecina. La vida humana sólo puede alcanzar su plenitud cuando asume con sentido de responsabilidad esa función plasmadora de belleza, orden y armonía que corresponde al hombre por naturaleza y cuya realización se hace posible cuando se toma como norma la Verdad”.

Antonio Medrano

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El Tiempo vencido por la Esperanza, el Amor y la Belleza. (1627)- Simon Bouet.  Óleo sobre lienzo, 107 x 142 cm.

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